Etimológicamente, el termino adulto procede del verbo latino “adoleceré” que significa crecer, adulto se deriva de la forma del participio pasado “adultum”, que significa “el que ha terminado de crecer, el que ha crecido”.
En nuestra cultura se entiende al adulto por la persona que ha dejado de crecer y se halla situada entre la adolescencia y la vejez.
Antropológicamente, este concepto muestra una importante relatividad, mientras que en nuestras sociedades modernas se es adulto cuando se deja de ser joven, en las antiguas y primitivas, por el contrario, la juventud no existe, pues se pasa de niño a adulto, paso que suele acontecer a temprana edad. Así mismo, no suele separarse la adultez de la ancianidad, por lo que al anciano se le considera también adulto. En el contexto jurídico este término viene a determinar lo que se conoce como mayoría de edad, esta mayoría de edad esta determinada por criterios psicológicos, sociales, políticos y culturales por la ley, y varía según la época, los lugares y el medio social.
En sentido pedagógico, la diferencia entre las personas de edad adulta y menores reside en que la principal función social que desempeñan éstos últimos es su asistencia a la escuela.
Según la psicología, se emplea como sinónimo de madurez de la personalidad como estado ideal. La madurez hace referencia a la persona responsable de la propia conducta que posee plenitud de juicio, serenidad y dominio de sí mismo y que actúa de forma autónoma y realista.
Para Allport, el ser adulto esta compuesto por una serie de rasgos:
· Extensión del sentido de sí mismo.
· Capacidad de establecer relaciones con otras personas.
· Estabilidad emocional y aceptación de sí mismo.
· Realismo en la percepción y actuación.
· Objetividad en el propio conocimiento.
· Posesión de un proyecto vital.
Por otra parte, desde el ángulo social, se considera persona adulta a la que está integrada y ocupa un supuesto en la sociedad, lo que conlleva determinadas responsabilidades y derechos.
En este sentido, los rasgos más sobresalientes que caracterizan a este ciclo son:
Sentirse bien con el propio cuerpo: equilibrio.
Comprensión más profunda frente a asimilación.
Responsabilizarse de la propia conducta: control de impulsos y realismo.
Autonomía.
Empatía de sentimientos afectivos y relaciones amorosas.
Proyecto vital.
Finalmente, destacar, a modo de síntesis, los principales rasgos diferenciales que distinguen a la persona adulta, estos son:
Capacidad de autodirección.
Alto nivel de responsabilidad en base a una ética propia.
Desempeño conjunto de diversos roles.
Agente activo con una proyección-incidencia social elevada.
Seguidamente, centrarnos en las etapas evolutivas de la adultez, destacando los siguientes modelos:
- Modelo motivacional: el punto de partida lo constituyen las diversas necesidades, intereses y motivaciones manifestadas en la elección que hacen los adultos entre los diversos programas que se les ofrecen, como son la vida profesional y familiar, los asuntos cívicos y sociales, intereses…
- Modelo empírico: se suministran datos a través de varios instrumentos sobre aspectos biológicos, psíquicos y sociales.
- Modelo clínico: se ha elaborado a través de la observación detallada de diversos sujetos.
ETAPAS CARACTERÍSTICAS
Adultez temprana (18-35 años)
- Acceso a la edad legal.
- Enfrentamiento por vez primera en el mundo laboral.
- Formación del núcleo familiar propio.
- Cumplir con derechos cívicos que obligan moralmente.
Adultez media (35-65)
- Mayor productividad, especialmente intelectual y artística.
- Consolidación de los roles profesionales y sociales.
- Se alcanza el mayor grado de autorrealización.
- Época de mayor contribución socioeconómica y política.
- Ligera declinación en las funciones físicas.
- Riesgo de alejamiento forzoso del mundo laboral.
Adultez tardía (+65 años)
- Disminución de actividades sociales.
- Los intereses se vuelven menos intensos.
- Aparición de afecciones crónicas.
- Descenso de la capacidad para el trabajo físico e intelectual.
Centrándonos en los aspectos psicopedagógicos del aprendizaje adulto destacar la inteligencia, la memoria, la motivación y la experiencia.
Durante un largo tiempo se pensó que las personas adultas tenían mayores dificultades para aprender que en la infancia y la adolescencia y que esto se debía a que la inteligencia disminuía a medida que avanzaba la edad. En este sentido, destacar que es erróneo, para ello diferenciamos entre inteligencia fluida y cristalizada. La inteligencia fluida está relacionada con estructuras del sistema nervioso, con el desarrollo fisiológico, mientras que la inteligencia cristalizada lo está con las habilidades de la propia cultura, por lo que se asocia con la experiencia. Las pruebas demuestran que con el envejecimiento se produce un cierto declive de la inteligencia fluida y un incremento de la inteligencia cristalizada.
A continuación, es preciso subrayar el importante papel que desempeña la memoria en el aprendizaje. Los adultos mayores son menos propensos a utilizar estas ayudas de memorias, pero cuando se les indican, las utilizan y pueden beneficiarse de ellas. A medida que la edad avanza el individuo capta la información con mayor dificultad y lentitud.
A fin de potenciar los procesos memorísticos es aconsejable la repetición, la asociación, el empleo de material convenientemente estructurado y facilitar recursos mnemotécnicos.
Seguidamente, reflexionar sobre la motivación, es una condición bajo la cual la enseñanza que reciben los adultos aumenta sus posibilidades de efectividad.
Se suele indicar que en el caso de la persona adulta incide con mayor fuerza la motivación de carácter interno, aunque no es totalmente ajena a la de índole externo.
MOTIVOS INTERNOS
- La satisfacción personal.
- La mejor adaptación a los cambios sociales.
- Mayor seguridad.
MOTIVOS EXTERNOSEn nuestra cultura se entiende al adulto por la persona que ha dejado de crecer y se halla situada entre la adolescencia y la vejez.
Antropológicamente, este concepto muestra una importante relatividad, mientras que en nuestras sociedades modernas se es adulto cuando se deja de ser joven, en las antiguas y primitivas, por el contrario, la juventud no existe, pues se pasa de niño a adulto, paso que suele acontecer a temprana edad. Así mismo, no suele separarse la adultez de la ancianidad, por lo que al anciano se le considera también adulto. En el contexto jurídico este término viene a determinar lo que se conoce como mayoría de edad, esta mayoría de edad esta determinada por criterios psicológicos, sociales, políticos y culturales por la ley, y varía según la época, los lugares y el medio social.
En sentido pedagógico, la diferencia entre las personas de edad adulta y menores reside en que la principal función social que desempeñan éstos últimos es su asistencia a la escuela.
Según la psicología, se emplea como sinónimo de madurez de la personalidad como estado ideal. La madurez hace referencia a la persona responsable de la propia conducta que posee plenitud de juicio, serenidad y dominio de sí mismo y que actúa de forma autónoma y realista.
Para Allport, el ser adulto esta compuesto por una serie de rasgos:
· Extensión del sentido de sí mismo.
· Capacidad de establecer relaciones con otras personas.
· Estabilidad emocional y aceptación de sí mismo.
· Realismo en la percepción y actuación.
· Objetividad en el propio conocimiento.
· Posesión de un proyecto vital.
Por otra parte, desde el ángulo social, se considera persona adulta a la que está integrada y ocupa un supuesto en la sociedad, lo que conlleva determinadas responsabilidades y derechos.
En este sentido, los rasgos más sobresalientes que caracterizan a este ciclo son:
Sentirse bien con el propio cuerpo: equilibrio.
Comprensión más profunda frente a asimilación.
Responsabilizarse de la propia conducta: control de impulsos y realismo.
Autonomía.
Empatía de sentimientos afectivos y relaciones amorosas.
Proyecto vital.
Finalmente, destacar, a modo de síntesis, los principales rasgos diferenciales que distinguen a la persona adulta, estos son:
Capacidad de autodirección.
Alto nivel de responsabilidad en base a una ética propia.
Desempeño conjunto de diversos roles.
Agente activo con una proyección-incidencia social elevada.
Seguidamente, centrarnos en las etapas evolutivas de la adultez, destacando los siguientes modelos:
- Modelo motivacional: el punto de partida lo constituyen las diversas necesidades, intereses y motivaciones manifestadas en la elección que hacen los adultos entre los diversos programas que se les ofrecen, como son la vida profesional y familiar, los asuntos cívicos y sociales, intereses…
- Modelo empírico: se suministran datos a través de varios instrumentos sobre aspectos biológicos, psíquicos y sociales.
- Modelo clínico: se ha elaborado a través de la observación detallada de diversos sujetos.
ETAPAS CARACTERÍSTICAS
Adultez temprana (18-35 años)
- Acceso a la edad legal.
- Enfrentamiento por vez primera en el mundo laboral.
- Formación del núcleo familiar propio.
- Cumplir con derechos cívicos que obligan moralmente.
Adultez media (35-65)
- Mayor productividad, especialmente intelectual y artística.
- Consolidación de los roles profesionales y sociales.
- Se alcanza el mayor grado de autorrealización.
- Época de mayor contribución socioeconómica y política.
- Ligera declinación en las funciones físicas.
- Riesgo de alejamiento forzoso del mundo laboral.
Adultez tardía (+65 años)
- Disminución de actividades sociales.
- Los intereses se vuelven menos intensos.
- Aparición de afecciones crónicas.
- Descenso de la capacidad para el trabajo físico e intelectual.
Centrándonos en los aspectos psicopedagógicos del aprendizaje adulto destacar la inteligencia, la memoria, la motivación y la experiencia.
Durante un largo tiempo se pensó que las personas adultas tenían mayores dificultades para aprender que en la infancia y la adolescencia y que esto se debía a que la inteligencia disminuía a medida que avanzaba la edad. En este sentido, destacar que es erróneo, para ello diferenciamos entre inteligencia fluida y cristalizada. La inteligencia fluida está relacionada con estructuras del sistema nervioso, con el desarrollo fisiológico, mientras que la inteligencia cristalizada lo está con las habilidades de la propia cultura, por lo que se asocia con la experiencia. Las pruebas demuestran que con el envejecimiento se produce un cierto declive de la inteligencia fluida y un incremento de la inteligencia cristalizada.
A continuación, es preciso subrayar el importante papel que desempeña la memoria en el aprendizaje. Los adultos mayores son menos propensos a utilizar estas ayudas de memorias, pero cuando se les indican, las utilizan y pueden beneficiarse de ellas. A medida que la edad avanza el individuo capta la información con mayor dificultad y lentitud.
A fin de potenciar los procesos memorísticos es aconsejable la repetición, la asociación, el empleo de material convenientemente estructurado y facilitar recursos mnemotécnicos.
Seguidamente, reflexionar sobre la motivación, es una condición bajo la cual la enseñanza que reciben los adultos aumenta sus posibilidades de efectividad.
Se suele indicar que en el caso de la persona adulta incide con mayor fuerza la motivación de carácter interno, aunque no es totalmente ajena a la de índole externo.
MOTIVOS INTERNOS
- La satisfacción personal.
- La mejor adaptación a los cambios sociales.
- Mayor seguridad.
- Promoción social.
- Adaptación profesional.
- Resolución de problemas concretos.
Finalmente, la experiencia forma parte inherente de la persona con independencia de la etapa evolutiva en la que se encuentre y, sin embargo, no es de extrañar que se considere un rasgo esencial y definitorio de la adultez, pues el mayor tiempo transcurrido hace que sea más amplia, rica y diversa que en periodo cronológicos anteriores.
Por último, destacar algunas implicaciones para la mejora de la práctica educativa con adultos, cabe señalar:
· Partir de los intereses y motivaciones de los participantes.
· Basar el aprendizaje en la participación activa y democrática, utilizando el diálogo y el trabajo en grupo.
· Seleccionar aquellas metodologías y estrategias de aprendizaje más acordes con el proceso de evolución psicobiológica y social.
· Aprovechar las experiencias que poseen las personas adultas y el caudal del conocimiento práctico adquirido por la misma.
· Destacar la proyección hacia la práctica.
· Potenciar especialmente las funciones de orientador, facilitador y animador del educador.

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